Cementerios con encanto

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Cementerios y ritos funerarios en Baztan-Bidasoa

Con el 1 de noviembre llega la festividad de Todos los Santos, día para recordar a nuestros difuntos y para visitar los cementerios. Es el día en el que los cementerios se llenan de flores, de gente, de «vida».

Con esta excusa, hemos decidido detenernos en los cementerios más curiosos de Baztan-Bidasoa, empezando por el de la iglesia de Etxalar, uno de los más «bonitos» de la comarca».

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En el jardín de la iglesia se pueden contemplar cerca de un centenar de estelas circulares. En muchas de ellas hay inscritas fechas comprendidas entre los siglos XVII y XIX. En algunas se leen nombres de casas del pueblo y apellidos. En aquella época cada casa tenía su estela propia.

Estas estelas funerarias tienen forma de disco encarado hacia el sol, encima de un soporte trapezoidal. Se grababan símbolos paganos solares como rosetas hexagonales y flores de la vida, y también símbolos cristianos. En las estelas de Iparralde es típica la presencia de los «lauburus».

Aunque este tipo de estelas las podemos encontrar en otros pueblos como por ejemplo Sara, la colección de Etxalar es de las más grandes de Euskal Herria.

De Etxalar, siguiendo la N-121-A llegaremos al Valle de Malerreka para acercarnos hasta Gaztelu y visitar la tumba de Juana Josefa Goñi Sagardía que, embarazada de siete meses, desapareció junto a seis hijos menores de edad, el 30 de agosto de 1936,  después de que un «batzarre» del pueblo acordara la expulsión de la familia, acusada de cometer hurtos en las huertas.

 

Tumba de Juana Josefa Sagardía (cementerio de Gaztelu)
Tumba de Juana Josefa Sagardía (cementerio de Gaztelu). Fotografía: Casa Rural Utxunea Landetxea

 

Tumba de Juana Josefa Sagardía (cementerio de Gaztelu).
Tumba de Juana Josefa Sagardía (cementerio de Gaztelu). Fotografía: Casa Rural Utxunea Landetxea

 

Cementerio de Gaztelu
Celemterio de Gaztelu. Fotografía: Casa Rural Utxunea Landetxea

80 años después la Sociedad de Ciencias Aranzadi acreditó que una madre embarazada y seis de sus siete hijos fueron arrojados a la sima de Legarrea. Tras la exhumación de los restos, éstos fueron inhumados en el Cementerio de Gaztelu el 2 de septiembre de 2017. Fue uno de los crímenes más brutales ocultados por la Guerra Civil y silenciado durante décadas. Hoy los silencios hablan y Juana Josefa y sus hijos descansan en paz en el cementerio de Gaztelu.

Sólo  sobrevivieron a la tragedia el padre de familia y marido de la desaparecida, Pedro Sagardía Agesta, que estaba encarcelado tras alistarse al requeté, y el mayor de los hijos, José Martín, que se encontraba trabajando fuera del pueblo. José Martín falleció en Pamplona en 2007.

Piedra tallada que "relata" la vida del difunto. Cementerio de Elizondo. Fotografía: Casa Rural Istarbey
Piedra tallada que «relata» la vida del difunto. Cementerio de Elizondo. Fotografía: Casa Rural Istarbey Landetxea

Retomando la N-121-A y desviándonos por la N-121-B, nuestra siguiente parada será en Elizondo, en este caso para visitar una curiosa tumba que hay en el cementerio y en cuyo panteón encontramos una estela que narra la vida del difunto.

Se interpreta que nació y de joven emigró al otro lado de océano donde libró alguna batalla por la que recibió honorarios. De vuelta, murió en su tierra natal.

Piedra tallada que "relata" la vida del difunto. Cementerio de Elizondo. Fotografía: Casa Rural Istarbey
Piedra tallada que «relata» la vida del difunto. Cementerio de Elizondo. Fotografía: Casa Rural Istarbey Landetxea

 

Terminamos el recorrido en Erratzu, en la parroquia de la localidad. En el ático vemos enormes losas pertenecientes al antiguo cementerio del pueblo, así como una enorme cruz que rememora las inundaciones del 2 de junio de 1913.

 

 

El 2 de junio de 1913 el valle de Baztan sufrió la peor catástrofe natural de su historia. Una tromba de agua descargó a primera hora de la mañana en la cima del monte Auza, situado en la muga con Iparralde, y rompió hacia las dos vertientes para arrasar todo lo que iba encontrando a su paso. La avalancha arrasó Erratzu y las aguas llegaron crecidas hasta Elizondo, donde se cobró dos vidas e igualmente destruyó la mayor parte de la localidad.

Ritos funerarios y tradiciones

Argizaiola

Antaño la muerte era algo familiar. Uno moría en casa, arropado de sus familiares y éstos le iluminaban el camino a a través de las «argizaiolas», conocidas en castellano como «cerillero de difuntos».

Argizaiola
Argizaiola. Fotografía: Tienda de Artsanía IXIART

La vela se encendía en el funeral del difunto y la «argizaiola», portadora del fuego simbólico del hogar, permanecía colocada un año entero sobre la sepultura familiar  o «jarleku», encendiéndose en las misas. Una vez transcurrido el año, se recordaba al difunto encendiendo la «argizaiola» en determinados días del año ( Día de Todos los Santos, aniversario,…)

La vela simboliza el fuego sagrado del hogar en la sepultura que cada casa o familia tiene dentro de la iglesia. El hogar era sagrado. En él ardía el fuego sagrado, símbolo ancestral de la familia. No hay que olvidar que, antes de comenzar a enterrarse dentro de la iglesia (s. XIII y XIV), se enterraba en el interior de la casa o en una huerta próxima. Cuando se empezó a enterrar dentro de las iglesias, cada casa tenía su sepultura señalada en el suelo, quedando unidas casa-sepultura hasta el punto que si la casa se vendía, ésta se vendía con la sepultura.

La «argizaiola» es una talla de madera, habitualmente con aspecto antropomorfo, que incluye una vela enrollada. Habitualmente labrada sobre madera de haya o roble tiene talladas diferentes representaciones y figuras.

Argizaiola. Fotografía: tienda de artsanía IXIART
Argizaiola. Fotografía: Tienda de Artsanía IXIART

 

La «argizaiola» es hoy en día un objeto más bien ornamental. Es una pieza de artesanía que todavía puede adquirirse en tiendas especializadas o en tiendas de artesanía como IXIART, sita en el edificio de Turismo Rural de Bertiz.

Gau Beltza, el Halloween de Baztan-Bidasoa

Sí como lo oyes, en Baztan-Bidasoa también se celebra Halloween. Hasta mediados del siglo XX se festejaba «Gau Beltza» (Noche Negra), sobre todo en los pueblos de entorno rural: las familias se reunían para comer castañas, mientras l@s niñ@s pedían por las casas.

Hoy en día hay localidades como Aniz, en el Valle de Baztan, que mantienen esta tradición. L@s vecin@s se reúnen para rememorar esta fecha y las amatxis y aitetxis cuentan a sus niet@s cómo celebraban esta mágica noche de»Gau Beltza». Aquí  no se habla del “truco o trato”, ni hay gente disfrazada de zombies, pero al igual que en otros países, sí se vacían calabazas par introducir velas.

«Domine mattue»

En nuestros pueblos, en el Día de Todos los Santos, los niñ@s acuden al cementerio y piden limosna. Al son de «domine mattue»piden unas monedas a quienes visitan a sus difuntos. A cambio de las monedas recibidas deben rezar una oración por el difunto. Esta costumbre todavía está viva: los niños siguen pidiendo limosna, lo de rezar por el difunto es otra cuestión😉😉.

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